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La lleve ante ella, sus ojos oscuros brillaban cuando YO, su AMO, la tiraba de su collar y las puse frente a frente. Ella pasaba por aquella sensación, que sabía no pensó llegar a experimentar, que se escapaba a todo lo establecido, a todo lo convencional. Su corazón se aceleró, lo sabía, y su alma saltó, sabía bien que sus ojos brillaban como los de su compañera, también sabía bien que al igual que el suyo, su vagina chorreaba.
Se miraron a los ojos, con una sonrisa cómplice igual a la de su compañera de juegos. Una mezcla de sensaciones recorrió su mente, su alma y su cuerpo. Complicidad, rivalidad, ternura, furia, frío y calor, DESEO. Mientras el pellizco de la duda apretaba su estómago, sentía como su corazón se aceleraba y su alma saltar dentro de ella. No se como, pero.....tuve la certeza que ambas sentían igual.
Ella giró la cabeza y también me vio a los ojos, los ojos de su AMO, sabía que ella se sentía mi perra, que se sentía MIA......dispuesta a satisfacer todas mis deseos y ansiosa por hacerlo. Como siempre, entregó su voluntad para que solo existiera la MIA. Sé que ella hizo igual.
Les propuse un juego, a ver quien azotaba a quien. Una frente a la otra, con los ojos vendados. Tan cerca que sus cuerpos casi se rozaban. Su vagina chorreaba.
Les puse tres pinzas alrededor de los pezones, a cada una. De pié una frente a la otra. Sentía como ellas sentían sus aromas, a veces sus pieles rozaban. Las tuve allí un rato, desnudas con los ojos vendados y las pinzas en sus pechos, hasta que empecé a explicarles en qué consistiría el juego: “Cada pinza tiene un número, del uno al doce, tienen que decir uno cada vez, la que primero se quede sin pinzas azotará a la otra. Empezaremos por orden alfabético. Elige número Flor”.
Ellas trataban de imaginar de que forma tiraría de sus pinzas y como sentirían el pellizco desgarrando su piel. Imaginó la cuerda, minuciosamente numerada, que sin duda estaría atada a la pinza. Supuso que ni YO sabría ya que número era de cada una. Con sus ojos vendados, me imaginó con doce cuerdas numeradas en la mano izquierda esperando a tirar del número que oyera, esperando a ver cuál de mis dos perras se doblaría hacia la otra al sentir el tirón. Estaba ella en ese pensamiento cuando salió de sus labios “doce”. Y vi como comenzó a temblar…….esperando, en tensión. Sus pinzas chocaron con las de ella, cuando se inclinó tras el tirón. “Un número esclava”. Oyó su voz “siete” y la que se dobló fue ella.
Fueron pasando los números, despacio, calculó cuantas pinzas quedaban, recuento: tres a Flor, una a ella. Le tocaba elegir número. “Este número es importante Flor si aciertas ganas”. Le dije. “uno” y vi como se preparaba para sentir el dolor. Pero………..lo que sintió fueron sus pechos chocar con violencia contra los de ella.
Le quité la venda de los ojos y las dos pinzas que le quedaban de un solo tirón mientras la miraba “Ummm.....”, escuche salir de su boca. Luego le quité la venda a mi otra esclava. Las marcas de las pinzas dibujaban sobre sus senos caprichosos dibujos de color rojo y ligeramente violeta. La tomé de su mano y la puse sobre las marcas de los senos de ella. Dibujó con la yema de sus dedos esas marcas, mientras ella sentía sus pechos entre los de ella. Supe por su rostro que, ella jamás pensó sentirse así. Su vagina chorreaba, sus pezones estaban en punta y apretó entre sus manos sus senos y pellizcó la punta de los pezones con deseo, los apretó sin hacer daño, midiendo, disfrutando…….en ese punto, yo ya no guiaba su collar pero su cabeza bajó y su lengua, sobre ellas, lamiendo las enrojecidas marcas, soplando y volviendo a lamer. Se devolvieron el mismo placer, sus lenguas cálidas sobre y entre ellas aliviaban el dolor, que latían en sus marcas, mientras su vagina chorreaba deseo. Comencé a tirar de sus collares.
Flor había ganado azotarla, le puse, una cuerda en una mano, y la fusta en la otra. A mi otra esclava le amarré sus manos arriba, las piernas abiertas, los ojos vendados mientras Flor sujetaba la fusta con sus dientes.
Esperó mis ordenes, “azótale las tetas” le susurré, su mano obedeció MI orden y sentimos su cuerpo estremecerse, cuando en uno de los azotes acertó en su pezón izquierdo. “Acaricia” otro susurro que pellizcaba su alma con deseo, y la punta de la fusta se movió por su piel, cual mariposa, suave y delicada. “Azota su concha” otro susurro cosquilleó sus suaves lóbulos. Cogió la fusta decidida, y……..sonó igual que una palmada en el agua. Le excitó el sonido, lo supe por su cara y su respiración, el oírla gritar, retorcerse, “otra vez”, pero esta vez, le quité la venda, y vimos, las lágrimas correr por sus mejillas. “Ya es suficiente”, esta vez les hablé alto y claro, para que me oyeran las dos. Solté sus cuerdas.
Mis esclavas se pusieron de rodillas, una frente a la otra, Flor limpió sus lágrimas, lamió sus heridas, suavemente, dibujando los surcos de los azotes, de una teta a la otra, bajó por su ombligo, y llegó a su tesoro. Chorreaban los dos a la vez y en igual cantidad. La tomé del pelo y tiré de él, para separarlas.
De rodillas ante MI, desnudas.........MIAS. Les hice una pregunta. ¿Qué quieren mis perras? “La leche de mi AMO”. Respondieron al unísono como si lo hubieren ensayado durante toda la vida. Era la primera vez que estaban juntas y sin embargo………….parecía que siempre hubieren estado juntas, habían aprendido lo mismo, querían lo mismo, deseaban lo mismo.
En cuatro patas, buscaron mi pene, lo hicieron crecer, mientras sus lenguas se paseaban haciendo dibujos en mi cuerpo, en mis pelotas, entre mis piernas. Sus lenguas se encontraban, mientras lamían mi verga. Sus lenguas se cruzaban una y otra vez. Consiguió metérsela en su boca y la embestí, cual toro desbocado, hasta la garganta, mientras mi otra esclava seguía lamiendo. Tiré de su pelo y saqué mi pene de su boca para meterla en la de mi otra esclava, Flor sintió mi embestida mientras lamia dónde la dejábamos.
Así una y otra vez, ellas en cuatro patas, hasta que les di lo que querían, corriendo por sus bocas, por sus tetas.
La limpiaron toda, ellas la buscaron entre sus bocas, en sus pechos, en sus conchas hasta que sentí sus cuerpos temblar al unísono, cuando acabaron para MI.
“Gracias Amo”, me dicen sus voces unidas, mientras las dos se miraban a los ojos.
FIN DE LA SESIÓN
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